El género de juegos de aventuras, junto con el de los action RPG, es uno de mis preferidos. Y esto se debe a que este tipo de videojuegos nos da la posibilidad de embarcarnos en una aventura – valga la redundancia – llena de acción, personajes carismáticos y, sobretodo, momentos de mucha diversión. Son títulos que dejan de lado las historias ultracomplejas, los menús de mejoras de habilidades que necesitan horas de juego para ser comprendidos y el sistema de decisiones que nos dan días de insomnio por haber sacado un final malo – cualidades que caracterizan a otros géneros – para brindarnos una experiencia destilada que no busca más que ofrecer unas buenas horas de grato entretenimiento.

Naughty Dog ocupa un cómodo lugar en el panteón de desarrolladores abocados a realizar este tipo de juegos. Con franquicias como Crash Bandicoot y Jak supieron ganarse un lugar en los corazones de los usuarios de Playstation; y reafirmaron su cualidades creativas al darnos uno de los mejores juegos de los últimos años: The Last of Us. Sin embargo, hoy en día, si le preguntaran a cualquier gamer con qué juego relaciona a la empresa estadounidense, seguramente su respuesta señalará al título del cazatesoros Nathan Drake. Y motivos sobran, Uncharted 4 seguramente ocupará la terna a mejor juego del año en cuanto evento de entrega de premios se realice.

Debo confesar que no esperaba con muchas ilusiones la cuarta entrega de la franquicia. ¿Los motivos? Sí, jugué en orden, completos y a su debido tiempo los tres títulos anteriores, y si bien los consideré “buenos juegos” no quedaron marcados a fuego en mi experiencia gamer. Es más, rememorando, creo que ´Enslaved: Odyssey to the West´ es un juego que me llegó más que toda la primera trilogía de Naughty Dog.  Las razones por las cuales no llegué a engancharme con los primeros Uncharted se centran en lo sobre scripteado que sentía los escenarios: si encontrabas un pasillo angosto sabías que venía un enfrentamiento, si la física del nivel te permitía escalar entonces sabías que era el único camino correcto; sumado a que la implementación del stealth no marcaba una verdadera diferencia a la hora de elegir si atravesar una parte con sigilo o repartir balazos contra cualquier mercenario que se ponga en frente.

Al momento del lanzamiento de Uncharted 4 no estaba dentro mis planes próximos jugarlo. Sin embargo, la cantidad de buenas reviews abocadas a señalar las mejoras sustanciales que tiene en comparación a sus antecesores hicieron que cambie de opinión y que le diera su merecida oportunidad. No pude tomar mejor decisión. Más allá de lo deslumbrante que puede llegar a ser gráficamente – que es una maravilla técnica no está en discusión – , las mayores cualidades que encontré se centran principalmente en la narrativa y en el diseño de los niveles.   

Una de las decisiones más acertadas de los desarrolladores fue cambiar el modo de contar una historia. Abandonando el estilo Spielbergriano ochentoso que tienen los tres primeros juegos – en los que se presenta una historia en principio realista pero que hacía su tercer acto realza el elemento fantástico – por uno más dramático. Nuestro protagonista, antes de comenzar la aventura, ha asentado cabeza y se encuentra retirado de sus años como cazatesoros. Al menos hasta la aparición de su hermano Sam – en un recurso algo trillado pero efectivo – que sirve como elemento desencadenante del conflicto, lo que da rienda suelta al cuestionamiento que debe realizarse todo personaje en estado de reposo: “¿Que debo hacer ante esta nueva situación?”.

También fue un gran acierto presentar una narrativa no lineal; la aventura nos engancha desde el principio con un gran golpe de efecto: Sam y Nathan navegando en medio de una tormenta con las balas enemigas zumbando en sus oídos. Luego pasa a un racconto que nos lleva a la infancia de los hermanos Drake y, desde ahí, de vuelta al presente, manteniendo los flashbacks en los momentos adecuados para relajar la tensión de un capítulo previo lleno de acción y, al mismo tiempo, reafirmar el vínculo que existe entre los dos personajes.

Por otro lado, en cuanto al diseño de los niveles hay una enorme mejora en relación a la trilogía previa. Uncharted 4 es un juego que no te lleva de la mano. Lo más destacable es el level design que marca un paralelismo entre su diseño piramidal y el clímax que se vive en la historia: arrancamos en lugares planos – en los que exploramos el escenario y tenemos algún que otro pequeño enfrentamiento – , luego debemos emprender el ascenso de un lugar natural (montañas, acantilados, barrancos, etc.) o una estructura edificada (un edificio, un castillo, una torre, etc.) donde los caminos se bifurcan y podemos llegar de diferentes maneras al objetivo; y una vez en la cima tenemos el gran enfrentamiento o clímax, para finalizar con el descenso/escape que culmina el capítulo. Sí, cada capítulo tiene su microestructura que acompaña a la macroestructura narrativa de todo el juego, la cual, a su vez, tiene relación con el diseño de niveles.

Naughty Dog supo utilizar y aplicar de buena forma estos elementos narrativos – más cercanos al arte audiovisual cinematográfico – , que entrelazados a un apartado gráfico que es de lo mejor que se ha visto en PS4 y un gameplay que no defrauda, nos otorga como resultado un juego de una calidad increíble. Todas estas virtudes hicieron que jugar “A Thief’s End” fuera una mis mejores experiencias lúdicas de este año y que, finalmente, me conquistara la franquicia Uncharted. Deseo y espero que nos sorprendan próximamente con alguna nueva licencia y otra hermosa aventura por vivir.