Cuando hace relativamente poco tiempo me encontré atravesando una situación por demás difícil en mi vida, pude notar que había muy pocas cosas en mi entorno que me levantaban el ánimo. La música no sonaba igual, no podía concentrarme en la lectura cosa que amo con mucha intensidad y estaba rodeada de tragos amargos donde quiera que mirara. Sólo había ciertos momentos en los que sentía que mi corazón y mi cabeza iban a ritmo, y que recuperaba un poco el sentido de la orientación con mi brújula interior. Que no les sorprenda cuando les digo que esos momentos me fueron dados por los videojuegos.

Existen muchísimos tipos de descargo, y cada persona canaliza sus miedos, sus dolencias, sus alegrías y sus enfados en situaciones y actividades diversas. Yo, particularmente, me dí cuenta que jugar me estaba haciendo sanar a una velocidad superior, aún teniendo a veces esa sensación de que los videojuegos no me iban a llevar a ningún lado.

Seguí adelante entonces, porque entendí que esos sentimientos de auto superación y satisfacción no iba a encontrarlos en otro lugar en ese momento. Y así fue como, en gran parte, volví a ver un poquito de esperanza y se empezó a dibujar la sonrisa de vuelta en mi cara.

Claro, la sorpresa viene después, cuando les cuento cuál fue el juego que me dió ese sentimiento tan lindo. ¿Journey? ¿The Last of Us? ¿Transistor? Tiene que ser algo poético, algo conmovedor, ¿verdad?… ¡Claro que no! Mis ganas de estar un poco mejor me fueron otorgadas por redoblante de tamboresDOOM.

Sí, damas y caballeros detrás del monitor o la pantalla del teléfono, fue el DOOM, ese bellísimo festival de tiros, sangre y tripas, el que me devolvió de a poquito el impulso y las ganas de estabilizarme y amigarme con la vida que estaba viviendo en ese momento. ¿Por qué no algo más emotivo? Porque no.

Si estaban esperando una respuesta extensa y elaborada, bueno, realmente no la tengo. A veces, cuando tratamos de racionalizar algo que simplemente nos hace bien, de golpe nos encontramos con que está dejando de hacerlo en las dosis que realmente necesitamos. Es como si intentaran entender por qué aman a alguien o por qué se siente tan lindo estar bajo el rayo de sol en primavera, o alguna de esas cosas que a algunos humanos nos gusta hacer.

Lo único que sé, es que en el instante en que sabía que me iba a sentar a jugar casualmente siempre era en transmisión ese era el momento en el que me perdía en un paseo de buenas sensaciones; el momento en el que saboreaba lentamente la adrenalina y la satisfacción de destripar a mis enemigos de un escopetazo o hacerlos añicos con la motosierra.

Tampoco se asusten, mis queridos lectores. Esto no me vuelve una homicida ni mucho menos una maniática. Simplemente creo que DOOM me empezó a dar pequeñas dosis del factor que mencioné antes la autosuperación que me venían haciendo falta para volver a verle el lado positivo a la vida.

Como es usual en mí, arranqué el juego haciendo totales y absolutos desastres sin pegar un tiro como la gente, dejando que los demonios me mordieran los tobillos y algunos otros bailaran zapateo americano sobre mi casco. ¿Qué pasó entonces? Empecé a entender el juego, empecé a aprender a jugarlo, empecé a dejar que no solo el juego me hablara de manera simbólicasino también a hablarle yo a él. Y de a poco y progresivamente, me sumergí en esas aguas turbias en donde el miedo al fracaso se fue borrando y todo lo que me quedaba eran las ganas de ser mejor.

Lamentablemente, al día de la fecha y por una cuestión de tiempos, aún no pude terminar la joya que es el DOOM, pero sé que es un recurso al que voy a poder acudir cada vez que empiece a hundirme aunque sea un poco.

No debería sorprender en lo absoluto que un juego nos regale el bienestar y ese fuego en el pecho que nos dice que podemos ser cada vez mejores, siempre y cuando no tiremos la toalla y sigamos intentando.

Yo sé que se cansan de leer pero yo no me canso de decir que Dark Souls  y Bloodborne son los parangones de estos sentimientos entre tantos otros juegos que podría mencionarles o algo tan simple como para aquellos que tuvieron la suerte de avanzar en la demo del Nioh sin quedar reducidos a una masa de sangre y tripas.

Ejemplos existen por doquier, hay quienes pueden obtener estos beneficios sentimentales en la tranquilidad de No Man’s Sky sí, digan que el juego es malo, pero jugarlo un rato puede resultar extremadamente relajante. O de propiciar una lluvia de headshots a malvados mechanazis en Wolfenstein, o de pasar una misión entera en stealth en Uncharted 4. Cada quien encontrará en el juego seleccionado ese pequeño regalo de alivio que hace que el mundo se frene unos instantes, y que nosotros podamos reconciliarnos un poco con nuestro interior.

No voy a decirles que DOOM me salvó la vida ni mucho menos, pero sí puedo contarles que fue un gran alivio cuando el tiempo fue miserable e ingrato con mi persona. Y sé que, apenas tenga la oportunidad, voy a darle fin a esas criaturas del averno y voy a salir victoriosa, no solo de un gran juego, sino también de una situación de dolor que va a quedar en el pasado como una gran enseñanza. ¿Ven? No en vano lo dije una vez: nunca dejen de jugar, y nunca se priven de sentir que un juego les tiende una mano para salir de la tormenta.

  • Ignacio De Saeger

    Concuerdo que es así. No sólamente son para momentos donde todo está mal, si no en momentos de profundo duelo.

    Algo que siempre cuento es que cuando falleció mi papá (hace ya muchos años); justo había adquirido Shadow of the Colossus. Él y yo jugábamos juntos al Ico, entonces me pareció sólamente lógico sumergirme en SotC para la ocasión. Mi abuela (su mamá) estaba viviendo conmigo por esa semana y ella no era muy entendida de la temática; aún así se sentaba al lado mío -por horas- a mirarme hacer esos colosos caer o cabalgar por esos áridos páramos y llanuras. Era un escape de lo que inevitablemente sucedió; una vacación antes de empezar a recomponer todo.

    Algo bueno hizo, que recuerdo ese momento tan agridulce con cierta añoranza.

  • Omeguis

    Been there! Qué linda nota! Mi primer platino que creo que fue el Uncha2, fue poco después de comprarme la consola en un momento de mucho estrés y mucha mierda, fue bastante liberador :’)

  • Nicolas Alonso

    Muy buena nota Ani, y eso es algo que pasa con los videojuegos, como tambien puede pasar por ejemplo con la musica o con el cine, que convierte todo lo malo que nos puede estar pasando en una terapia. A mi uno que sirvio bastante como terapeutico es Monument Valley, es increible lo que te mete, te relaja y te compenetra y te hace pensar de forma lateral y te sorprende. Es mas, teniendo 0 rejugabilidad es un juego que me hace volver de vez en cuando.

    • Ani Albano

      Uy que hermoso el Monument Valley, re cortito, nada de rejugabilidad pero siempre volves en algún momento :D.
      Gracias, Nico!