Hacía mucho que tenía ganas de probar una de las famosas Salas de Escape que hay en la Ciudad de Buenos Aires. Hay varios lugares populares para elegir: Juegos Mentales, Escape Games, Salí del Molde, Eureka y seguramente algunos más. Finalmente me dí el gusto y se los cuento en esta nota.

Primero, ¿qué es un juego de escape?

Las Salas de Escape proponen una actividad que consiste en resolver una serie de acertijos, códigos y pistas para lograr salir en menos de 60 minutos de una habitación. Mientras que el primer juego de escape fue creado en el año 2006 (según Wikipedia), en nuestro país comenzaron a popularizarse hace poco más de un año, y ahora hay un enorme catálogo para todos los gustos e intereses. Cada juego es diferente, temático, y posee una máxima cantidad de jugadores y un nivel de dificultad determinado. Algunos son más simples que otros y en ninguno está permitido el uso de celulares ni ningún otro tipo de elemento de ayuda (a menos que lo que encuentres dentro de la propia habitación).

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Después de mucho tiempo de tener ganas de ir, finalmente me di el gusto. Un sábado por la tarde me junté con tres amigos para asistir a una de las salas de escape de Juegos Mentales: La Casa del Pirata. El dato más divertido posiblemente sea que mis compañeros y yo prácticamente no nos conocíamos: chateábamos mucho en una época y, luego de 17 años de ser sólo “conocidos” vía web, decidimos hacer una juntada épica en uno de estos cuartos para poner a prueba nuestras habilidades de escape.

Una de las chicas del equipo tenía bastante experiencia en este tipo de juegos ya que asistió a diferentes habitaciones y comprendía la modalidad. Sin embargo, todos los cuartos presentan desafíos y temáticas diferentes. En este caso, la Casa del Pirata plantea la siguiente situación: el equipo irrumpe en una cabaña que creía llena de tesoros y deshabitada, pero se encuentra con un cuarto repleto de trampas y ningún tesoro a la vista. El objetivo es simple: huir del cuarto tan rápido como sea posible, descubriendo los secretos que el pirata dejó en la habitación para lograrlo.

Apenas se cierra la puerta el tiempo comienza a correr, y hay muchos objetos a la vista por los cuales comenzar a investigar. Definitivamente una de las actividades grupales más divertidas que hice en lo que va del año, repleta de sorpresas y trabajo en equipo. Apenas ingresás el cuerpo genera una cantidad de adrenalina interesante, y ni les cuento al momento en que se cierra la puerta y comienza la cuenta regresiva en llamativos leds de color rojo. ¡Una locura!

Fue importante observar, probar, pensar, y volver a revisar cada rincón oscuro de la sala en búsqueda de pistas que nos permitan acercarnos a la salida. Nos pasó en reiteradas ocasiones que a la primera pasada de revisar un objeto nuevo no encontrábamos nada, pero luego algún otro del equipo revisaba y encontraba algo fundamental.

Automáticamente cada jugador se auto-asigna un rol con el que se siente más cómodo: el que toca todo, el observador, el que intenta razonar, el que organiza. A su vez, los roles por momentos parecen rotar cuando alguno de los jugadores se encuentra bloqueado sin saber bien qué hacer. En varias ocasiones me senté a un costado de la escena mirando a mis compañeros revisar objetos una y otra vez, intentando pensar en si había algo que estuviésemos pasando por alto.

Si tuviera que mencionar algo negativo que nos pasó en esta Sala de Escape en particular, es la forma en la que nos otorgaron la única pista que solicitamos. Cuando nos quedaban diez minutos para resolver el enigma del cuarto y sentíamos que nos faltaba una pieza, pedimos ayuda al centro de control. Enseguida se comunicó vía altavoz un muchacho que, lejos de darnos una pista, nos dijo algo que ya sabíamos: “Chicos, les está faltando algo”. Como era de esperarse, la pista no nos sirvió de mucho y no pudimos encontrar el objeto restante. Teníamos todo para salir, incluso sabíamos lo que debíamos hacer, pero algo faltó y no lo logramos.

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Lejos de spoilear la experiencia, invito a todos a ser parte de esta aventura al menos una vez como para saber de qué se trata. Hay muchas temáticas para elegir: algunos juegos son más analíticos, otros más tipo “búsqueda del tesoro”, y otros mega complicados. Eso sí, una advertencia de antemano: aunque lo van a decir al momento de asistir, las Salas de Escape no son recomendables para gente claustrofóbica ya que el encierro está presente en todo momento. Aunque cabe destacar que hay un botón de pánico para que se abra la puerta automáticamente y se interrumpa el juego. El resto es simplemente intentarlo.

Así que mi consejo es: ¡Hay que ir y disfrutarlo! El secreto es aprender a conservar la calma ahí adentro, porque les aseguro que hay mucho por resolver.

Salas de Escape en Buenos Aires (gracias Iara S. Rodríguez):

 

  • Günther

    Más tarde que temprano 😛 Decidí
    seguir el consejo ésta nota y probar suerte.

    Fuimos cuatro personas. Había varias opciones pero decidimos pasar por “la casa del pirata”. La verdad que la pasamos genial!
    Debo decir que no seguimos el consejo de la nota y no dividimos roles pero estábamos muy metidos, no por la competencia en si, si no por lo copado de ir descubriendo secretos.
    Afortunadamente nos fue bien y lo pudimos pasar, aunque de no ser así lo recomendaría igual!
    Nos cebamos tanto que apenas salimos empezamos a ver que otros había 😛

    Ah y por haberlo pasado nos dieron un voucher de descuento para la próxima!