Maize no es, en el mejor sentido de la frase, un juego serio. Es un título de los menos convencionales que me ha tocado jugar en el pasado 2016. Con un humor delirante, esta aventura en primera persona nos introduce en la historia de dos científicos investigadores que, por un error de comunicación con el gobierno de los Estados Unidos, han dado vida e inteligencia (aunque esto último se ponga en duda a lo largo de la aventura) a maíces y a un oso de peluche ruso. Sí, así de descabellada es la premisa inicial; saquen sus tickets y tomen asiento para una montaña rusa de insanidad y disparate científico.

Desarrollado por el estudio independiente canadiense Finish Line Games, Maize centra la estructura de su diseño en un ritmo rápido, relajado y divertido. Se podría definir como una aventura en primera persona que remite a los viejos y queridos point and click, debido a que cuenta con elementos que caracterizan a estos títulos: debemos resolver determinados puzzles, recolectando e interactuando con ítems para ir avanzando en la narrativa y así destrabar nuevos sectores del mapa.

En la primera media hora de juego nos encontraremos algo desorientados: despertamos en el medio de un pastizal en una granja y sin ninguna introducción a la historia. A medida que avanzamos encontramos elementos que parecen fuera de lugar, como un escritorio en medio del campo o una casa con varios ítems que, en principio, parecen decirnos nada. Esto puede resultar un punto en contra de la experiencia, debido a que los primeros minutos son esenciales para poder comprometer al jugador y demostrar qué estilo de juego tiene por delante, sobretodo en una aventura de este tipo. Sin embargo, luego de un arranque soso, la historia toma vuelo, momento en el cual podemos relajarnos y disfrutar.  

Al ir recorriendo los diferentes escenarios, tutoriales mediante, iremos comprendiendo cómo funcionan las mecánicas. Podemos recolectar dos tipos de ítems: aquellos que nos sirven para resolver los puzzles, y otros que quedarán guardados en un inventario llamado “folio”. Estos últimos, a través de sus descripciones, nos darán pistas de lo que pasó en la granja que sirve de fachada para el centro de investigación científica.

La narrativa también se encuentra fragmentada a lo largo de los escenarios en post its con mensajes que Bob y Ted, los científicos causantes del desastre, se han ido dejado mutuamente. Éstos nos revelarán el tipo de relación asincrónica y disparatada que ambos tenían, aquella que fue el detonante del caos total.

Y si hablamos de los personajes que envuelven la aventura, no podemos pasar por alto a Vladdy, un oso de peluche cyborg con acento ruso que se pasará las aproximadas seis horas que dura el juego insultandonos y recordándonos lo malos jugadores que somos. Vladdy, además de ser un comic relief  algo extraño pero que funciona con la lógica de Maize, nos acompañará a lo largo del juego como intérprete de algunos sucesos narrativos y, a su vez, como pieza clave para resolver algunos puzzles.

Por otro lado, la simpleza que presentan los tan mencionados puzzles y lo lineal de la exploración de los niveles, pueden resultar decepcionantes para aquellos que esperaban un verdadero desafío. Esta decisión en el diseño del juego responde a la elección de parte de los desarrolladores de crear una experiencia que se pueda jugar fluidamente y que cualquier persona pueda disfrutar, dejando de lado la complejidad para centrarse en un humor bizarro y poco convencional.

Al comenzar este análisis señalé que Maize no es un videojuego serio, esto es así en el sentido de que sus desarrolladores se ríen de las propias limitaciones y la sencillez que presenta el título. Hasta el límite de romper la cuarta pared para reírse de y con nosotros en los tutoriales, descripciones de ítems, pistas, diálogos y hasta en el plot y conclusión de la historia. Esto genera un acuerdo tácito entre el jugador y el juego, que en un principio nos puede resultar chocante, pero una vez comprendidos los códigos y el humor que maneja, lo convierte en un título correcto y disfrutable.

No esperes puzzles desafiantes, ni una historia profunda con un mensaje enriquecedor, Maize es delirio puro y sin tapujos, un juego que no siente vergüenza de ser lo que es. Un referente de lo podemos empezar a llamar los comedy games. Si aceptas la propuesta que Maize ofrece, vas a pasar momentos muy divertidos.